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Trazabilidad – Una visión 4.0 para la logística pos pandemia

El principio de buena fe y de confianza implícita en la actividad comercial y logística, se mantienen en parte gracias a la implementación en los últimos 20 años de procesos sofisticados de disminución de riesgos en la cadena de abastecimiento, y dentro de ellos, el proceso insignia es LA TRAZABILIDAD LOGÍSTICA.

Cada día nos despertamos y después o antes de ciertas rutinas diarias, es usual que la gran mayoría de nosotros tomemos una primer comida como desayuno. Nos sentamos a la mesa a disfrutar de un sabroso café, unas rebanadas de pan, un vaso con leche o jugo de naranja, tal vez unos huevos revueltos y podríamos agregar incluso jamón o tocineta. Unos minutos después estamos prestos para iniciar nuestra jornada, sin ningún remordimiento, sin ningún temor… en automático.

¿Pero, por qué? No nos hemos detenido ni un segundo a pensar en si el café que consumimos se procesó en máquinas y tostadoras que cumplieran con los estándares mínimos de limpieza, o que la leche que consumimos provenía de algún bovino exento de algún prion altamente contagioso que pudiera provocarnos algún daño cerebral; o que los huevos provinieran de alguna gallina portadora de algún tipo de coronavirus transmisible a humanos. No nos detuvimos a imaginar y sopesar si el pan que consumimos estaba libre de hongos del centeno que pudieran provocarnos algún tipo de trastorno alucinógeno paranoide o si el jamón y el tocino que consumimos se derivaba de un porcino tratado para su procesamiento en alguna finca inocua sanitariamente para estos efectos.

Es más, ¿acaso nos inmutamos y fuimos dubitativos al momento de asir con nuestras manos la caja de cartón o la botella plástica de la leche o el jugo de naranja que íbamos a consumir, por pensar en las decenas de personas que podrían haber tocado con sus manos cundidas de gérmenes, coliformes y patógenos, que luego, de forma inevitable se nos podrían transferir?

Pues no, y es que nosotros como simples consumidores, basamos nuestro diario transcurrir en una cadena inconsciente de confianza. Una confianza que delegamos y depositamos en terceros agentes de mercado, que es capaz, nunca conozcamos. 

El comercio internacional en sí se basa en un enorme principio omnipresente de buena fe, y dicha buena fe hace que cada consumidor último, delegue la responsabilidad implícita de proveer seguridad al siguiente eslabón en la cadena de consumo, a su predecesor. Así hasta el origen de los insumos o materias básicas con los cuales se elaboraron los bienes finales que nosotros y todos los consumidores del mundo, consumen, gastan, agotan o depredan… día tras día.

Este principio de buena fe y esta confianza implícita en la actividad comercial y logística, se mantienen en parte gracias a la implementación en los últimos 20 años de procesos sofisticados de disminución de riesgos en la cadena de abastecimiento, y dentro de ellos, el proceso insignia es LA TRAZABILIDAD LOGÍSTICA.

¿Pero qué es la TRAZABILIDAD LOGÍSTICA? Pues bien, es un concepto que se ha venido utilizando desde los años 80 en diferentes industrias a lo largo y ancho del globo; un ejemplo de ello fue la industria forestal, la que producto de la tala indiscriminada y tráfico de especies maderables en Liberia y la Amazonía en los años 80 y principios de los 90, inició de forma generalizada a implementar procesos de lo que actualmente se denomina trazabilidad forestal (t.ly/nFFL).

Actualmente existen dos términos que a pesar que se usan indistintamente, no son lo mismo. El primero es RASTREABILIDAD y el segundo TRAZABILIDAD.

La rastreabilidad es definida por ejemplo en el Codex Alimentarius de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), específicamente en su Manual de Procedimientos como: ‘’la capacidad para seguir el desplazamiento de un alimento a través de una o varias etapas especificadas de su producción, transformación y distribución’’. Por su parte la legislación mexicana define RASTREABILIDAD como ‘’el conjunto de actividades técnicas y administrativas de naturaleza epidemiológica que se utilizan para determinar a través de investigaciones de campo y del análisis de registros, el origen de un problema zoosanitario y su posible diseminación hasta sus últimas consecuencias, con miras a su control o erradicación’’.

En contraposición dicha legislación define la TRAZABILIDAD como una ‘’serie de actividades técnicas y administrativas sistematizadas que permiten registrar los procesos relacionados con el nacimiento, crianza, engorde, reproducción, sacrificio y procesamiento de un animal, los bienes de origen animal, así como de los productos químicos, farmacéuticos, biológicos y alimenticios para uso en animales o consumo por éstos hasta su consumo final, identificando en cada etapa su ubicación espacial y en su caso los factores de riesgo zoosanitarios y de contaminación que pueden estar presentes en cada una de las actividades’’.

Pero dicha definición queda ampliamente limitada a las esferas zoosanitarias dejando por fuera el restante de las actividades económicas y productivas. Para esto, es más propia la definición de la Organización Internacional para la Estandarización (ISO), en su ”International Vocabulary of Basic and General Terms in Metrology” que indica que la trazabilidad ‘’es la propiedad del resultado de una medida o del valor de un estándar donde este pueda estar relacionado con referencias especificadas, usualmente estándares nacionales o internacionales, a través de una cadena continua de comparaciones todas con incertidumbres especificadas’’, a su vez se puede complementar dicha descripción con lo enunciado por el Comité de Seguridad Alimentaria de AECOC, el cual dice que se entiende como trazabilidad ‘’aquellos procedimientos preestablecidos y autosuficientes que permiten conocer el histórico, la ubicación y la trayectoria de un producto o lote de productos a lo largo de la cadena de suministros en un momento dado, a través de unas herramientas determinadas’’.

Para efectos prácticos diremos que RASTREABILIDAD es el seguimiento inverso del proceso desde el producto o servicio hasta su producción primaria, en otras palabras, un proceso de investigación y monitoreo hacia atrás, y que la TRAZABILIDAD es el seguimiento de todo el proceso, hasta que surge el producto o servicio. En otras palabras, un proceso de investigación y monitoreo hacia adelante.

 

 

El concepto sale de tras bambalinas y se proyecta a los escaparates de la administración de empresas, del supply chain y de nuestra cotidianeidad empresarial debido a… una vaca.

Y es que en efecto, a pesar de lo que anteriormente citáramos al indicar que el término comenzara a proliferar a inicios de los 80, todo explota cuando en 1985 se observó por primera vez en una granja del sur de Inglaterra, una vaca adulta con síndrome neurológico que fue descrito como «hipersensibilidad crónica con síndrome de descoordinación»;  meses después en el mismo rebaño se dieron nueve casos más con los mismos síntomas clínicos. En noviembre 1986, en el Laboratorio Veterinario Central del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentos del Reino Unido fue identificada la enfermedad conocida con el nombre de Encefalopatía Espongiforme Bovina o BSE por sus siglas en inglés. El análisis histopatológico de estos animales mostraba una gran similitud con los cerebros de las ovejas infectadas por otra neuropatía animal denominada scrapie

Esto hizo alertar los sistemas de sanidad de Inglaterra ya que se tenían registros de descripciones de enfermedades similares desde los años 50. Por ejemplo, y tal como cita la bióloga Sandra Torrades en su ensayo ‘’La Enfermedad de las Vacas Locas’’ de marzo del año 2001, en 1957 fue descrita una rara enfermedad llamada Kuru, que afectaba principalmente a las mujeres y niños de algunas tribus de Nueva Guinea. 

El Kuru es una enfermedad degenerativa del sistema nervioso central que comienza a manifestarse con un andar inseguro, pérdida de coordinación, temblores, demencia y finalmente termina con la muerte. El Kuru se transmitía a través de un ritual caníbal que formaba parte de la ceremonia fúnebre de estas tribus; así, cuando alguien moría, el encéfalo era comido por niños y mujeres y a lo largo de los años padecían la enfermedad. En cambio, los hombres no participaban de esta práctica y por este motivo raramente eran afectados por el Kuru. Cuando esta práctica fue interrumpida, la enfermedad desapareció casi por completo. Posteriormente, cita Torrades, se demostró que el Kuru era una enfermedad muy parecida a otra enfermedad neurodegenerativa mortal que afectaba a los seres humanos de todo el mundo, descrita en Alemania en 1920 y conocida con el nombre de Creutzfeldt-Jakob o CJ, la cual produce depresión, alteraciones del comportamiento, alucinaciones y demencia.

Años más tarde se describieron otras enfermedades humanas parecidas a la enfermedad de CJ y fueron designadas como encefalopatías espongiformes, tales como la enfermedad de Gertmann Sträussler Scheinken o la llamada enfermedad de insomnio familiar letal. Por su parte, la encefalopatía espongiforme bovina, pertenece al grupo de enfermedades llamadas encefalopatías espongiformes transmisibles o EET que se caracterizan por la aparición de cavidades en las neuronas, dando un aspecto esponjoso al encéfalo y se hace muy evidente en cortes histológicos de los cerebros afectados. Son neuropatías de infección lenta, es decir, tienen un período de incubación muy largo de hasta 20 a 30 años, aunque, una vez aparecen los primeros síntomas tales como aprehensión progresiva, hiperestesia y descoordinación del paso, la enfermedad progresa rápidamente y en el período de un año se produce inevitablemente la muerte.

Los científicos han aceptado la existencia de unas partículas proteicas, llamadas priones, como los agentes responsables directos de las encefalopatías espongiformes cuya característica más sorprendente y si se quiere, misteriosa, es que poseen la capacidad de autogeneración a pesar de carecer de ácidos nucleicos (ADN o ARN). El hecho de que una proteína tenga capacidad de autogeneración y pueda transmitir una enfermedad infecciosa ha causado gran sorpresa entre la comunidad científica.

Pues bien, en Inglaterra, la causa de la nueva enfermedad fue atribuida a la alteración, pocos años antes, del método de fabricación de las harinas alimenticias preparadas a partir de los despojos de origen ovino rechazados en los mataderos. En otras palabras, el ganado vacuno inglés estaba siendo alimentado con despojos de otros animales y estos a su vez infectados con algún tipo de neuropatía. A mediados de los años ochenta, la encefalopatía empezó a manifestarse en el ganado vacuno que había sido alimentado con estas harinas y entre 1986 y 1991 murieron más de 28.000 bovinos en el Reino Unido.

El Gobierno británico, a modo de prevención, prohibió en 1988 el uso de suplementos alimenticios derivados de despojos de otros rumiantes para la fabricación de piensos, pero aun así, en 1997 se contabilizaron 170.000 casos de BSE en el Reino Unido denominando coloquialmente la enfermedad como el ‘’Síndrome de las Vacas Locas’’.

Desde el anuncio de la primera crisis en marzo de 1996, el consumo francés de carnes bovinas cayó un 17%, estabilizándose pocos meses después en un 15%. En la segunda crisis de vaca loca de junio del año 2000 el consumo cayó entre 30% y 40%. Además de un descenso global del consumo, se estimó en ese momento que 20% de los hogares suspendieron totalmente, durante un largo tiempo, la compra de carnes vacunas. El menor consumo de carnes vacunas fue compensado por un aumento en el de aves y en el de carne de cerdo fresca. Con ciertas diferencias, esta caída de consumo se repitió en todos los países de Europa, a medida que se iban descubriendo casos de ‘’ vaca loca’’ en cada uno de ellos.

 

 
 

Haciendo un resumen, la realidad fue superada por la percepción del consumidor, la especulación del mercado y el temor al consumo no seguro. El efecto económico fue inmenso y la depresión del sector cárnico se expandió por todo Europa. En la primer crisis de los 90, para abril de 1996 el Reino Unido decidió sacrificar todos los animales de más de 30 meses, un tercio de su stock ganadero, y Francia por su parte, siguiendo las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud, obligó el sacrificio de 76.000 animales de origen británico que estaban en territorio francés.

De forma paralela a la crisis de las ‘’vacas locas’’, el sector alimentario mundial experimentó otra serie de crisis sanitarias tales como la Listeria Porcina de Francia y la aparición de E.coli en la carne picada de Estados Unidos en 1992, la aparición de E.coli en jugo de manzana en Estados Unidos en 1996 y la peste porcina del 98.

Posterior a la crisis de las ‘’vacas locas’’, en forma periódica han aparecido de forma no cíclica crisis puntuales que han mantenido la preocupación latente del consumidor mundial, tales como la contaminación por dioxina de 1999 en los Países Bajos, la fiebre aftosa en ReinoUnido del año 2002, la enfermedad de New Castle en Estados Unidos en el 2003 al igual que el inicio de gripe aviaria de Países Bajos en el mismo año. El primer brote zoonótico de SARS en China para el 2003, la gripe de pollos del sudeste asiático en el 2004 y más recientemente el brote de síndrome urémico hemolítico producido por E.coli causante de la muerte de alrededor de 53 personas en Alemania en lo que erróneamente se denominó crisis del pepino, tras existir una sospecha sobre los pepinos de origen español encausada al probable origen del brote; tiempo después se determinó que el presunto origen vendría de la plantación de soya y otras semillas en Alemania.

El caso zoonótico más cercano antes de la aparición de la reciente pandemia del SARS-COV-2, fue el denominado síndrome respiratorio de oriente medio o MERS del año 2014, donde el patógeno se transmitió de camellos a humanos resultando en una mortalidad altísima de alrededor del 30%.

Todo lo anteriormente expuesto ha derivado en la necesidad mundial generalizada de establecer procedimientos de investigación por parte de las autoridades nacionales y participantes económicos de la cadena de abastecimiento mundial de los procesos productivos y la cadena de producción y distribución de todo tipo de productos, incluido claro está, los productos alimenticios, tanto para humanos como animales. En otras palabras, los eventos históricos de crisis de seguridad en la cadena de producción y abastecimiento alimentario mundial, provocaron la potencialización de los procesos de RASTREABILIDAD PRODUCTIVA, y a su vez, se promovió y estandarizó la necesidad de mercado en que las empresas iniciaran la implementación de procesos internos de TRAZABILIDAD de sus mercancías para dotar al mercado de un mayor grado de CONFIABILIDAD y SEGURIDAD.

Hoy por hoy el objetivo de la TRAZABILIDAD es dar respuesta a todos los interrogantes que surgen de los procesos de creación y distribución de un bien. Por ejemplo: ¿de qué fábrica vienen los componentes de una mercancía?, ¿con qué medios de transporte se han movido?, ¿por cuáles empresas de logística han pasado?, o ¿quiénes han manipulado dichas mercancías? Todas las respuestas implican; para las empresas, mejorar el producto; y para los clientes, una mayor transparencia, confiabilidad y seguridad.

En sí, la trazabilidad más que un proceso per se, se estructura como una conectividad de procesos de forma sistémica; por lo mismo podemos hablar de un SISTEMA DE TRAZABILIDAD, cuya implementación implica establecer una correspondencia directa entre el flujo físico de mercancías y el flujo de información que va asociado a él.

En un mundo tan complejo, comercial y logísticamente hablando como el de hoy, las ventajas de los sistemas de trazabilidad logística son múltiples para cada parte interviniente en los procesos de compra-venta internacional y de consumo. Así por ejemplo, para las empresas participantes en la cadena de abastecimiento, un sistema de trazabilidad les ayuda a identificar puntos críticos a lo largo de su cadena de suministro para así solventar las incidencias posibles y ganar en productividad. De esta forma, pueden rebajar los problemas relacionados conla mala manipulación o la contaminación de las mercancías incrementando la calidad del servicio que ofrecen.

Para los consumidores, la trazabilidad implica una mejora considerable en la confianza de cara a la compra de productos y servicios, sobre todo en una economía globalizada con complejos flujos de mercancías nacionales e internacionales. Por su parte, ante el auge del e-commerce, la trazabilidad de las mercancías ha pasado a un primer plano, ya que atenúa la “incertidumbre del tránsito” que sufren muchos compradores online y que está relacionada con los nuevos paradigmas de la logística omnicanal y la e-logística, tal como lo cita la empresa española MECALUX.

La trazabilidad logística puede tipificarse según su dirección de rastreo y su nivel de cobertura, expansión o dimensión. Así por ejemplo, según la dirección del rastreo o de la investigación podemos hablar de TRAZABILIDAD HACIA ATRÁSTRACING, o, de forma inversa, de unaTRAZABILIDAD HACIA ADELANTETRACKING. Y si hablamos de su nivel de cobertura, podemos referirnos a una TRAZABILIDAD INTERNA y una TRAZABILIDAD EXTERNA, donde, la trazabilidad interna cubre la trayectoria de las mercancías de mi empresa a través de la cadena productiva interna hasta su despacho, desde un nivel micro generando procesos de trazabilidad y control de piezas, finalizando por la trazabilidad de los procesos productivos. Por su parte, la trazabilidad externa es aquel sistema de identificación y registro que se proyecta más allá de los límites de la propia empresa. Abarca a todos los eslabones que componen la cadena de suministro y cubre también el tránsito por distintos países.

Un Sistema de Trazabilidad se puede componer entre otros elementos de: a) fórmulas de identificación y codificación de las mercancíastales como códigos de barras o etiquetas de tecnología RFID o identificación por radiofrecuencia, b) sistemas para la captura y registro de datos tales como lectores de códigos de barras, sensores de temperatura y humedad o antenas o arcos RFID y finalmente c) software de procesamiento de datos que permite recopilar y almacenar de manera coherente la información relacionada con el tránsito del producto, estructurar los datos de manera que sea posible explotarlos, generar vínculos eficaces entre los dispositivos y agentes implicados en el manejo del producto a lo largo de toda la cadena de suministro.

Ahora bien, frente al evento pandémico (recientemente dado por finalizado por parte de la OMS) y la llegada del COVID-19 a nuestra vida, hemos experimentado un choque cognitivo de niveles tectónicos donde factores lejanos y cercanos, en muy corto tiempo, nos han cambiado las reglas de juego.

Dos de los afectados son y serán en la inmediatez y a corto plazo el sector logístico mundial y el de abastecimiento productivo, en los cuales la tecnología se hará presente como aliado en la reconversión de dichos sectores. Hoy dicho movimiento telúrico cognitivo ha catalizado los procesos de cambio industrial que se esperaban desarrollar en un periodo de 10 a 15 años. Hoy dicho plazo se ha acortado y experimentaremos cambios radicales en nuestro entorno en los próximos 3 y 5 años. Hoy la cuarta revolución industrial es una realidad y con ella las aplicaciones derivadas de inteligencia artificial, big data, blockchain y demás tecnologías serán tendencia.


A nivel logístico, a pesar que las tecnologías que permiten consultar trazabilidad de envíos y procesos llevan bastantes años utilizándose, es casi seguro que esta funcionalidad evolucionará con la instauración de las tecnologías mencionadas anteriormente hasta poder llegar a consultar información detallada en tiempo real del estado de los transportes, rutas y flujos de trabajo desde la salida de la mercancía hasta su llegada en el destino final. Estos cambios se suscitarán ya no solo por el movimiento cíclico y previsible de mercado, sino por la imprevisibilidad y necesidades de seguridad derivadas del evento pandémico vivido.

Tal como lo refiere Ismael Santiago para el Observatorio Blockchain (t.ly/Sqc5), hoy una gran cantidad de cadenas de suministro que abastecen parte del mundo se están reconstruyendo después de haber sido rotas como consecuencia de la pandemia y el repliegue hacia adentro de los mercados como medidas defensivas ante un enemigo invisible. El golpe atestado a los procesos productivos efectuados en China, la que es considerada la FÁBRICA DEL MUNDO CONTEMPORÁNEO, vino a ralentizar los flujos comerciales, bloquear fuentes de proveeduría y secar stocks locales.

El impacto en la logística y en las cadenas de abastecimiento se dio y se da en estos momentos por tres factores básicos: Primero, la paralización de factorías y centros de distribución internacional debido a las medidas de cuarentena obligatoria y distanciamiento social impuestas en la mayoría de los países del orbe, paralizando así flujos productivos en centros de trascendencia comercial y por añadidura, paralizando y dejando sin efectividad económica decenas de rutas comerciales existentes. En segundo término, la paralización casi total de vuelos comerciales de personas y por ende el decaimiento económico de aerolíneas internacionales dejando a estas debilitadas en sus otros enfoques de mercado, tales como el transporte de carga aérea internacional; y en tercer y último lugar, los bulos informativos en conjunción con los estereotipos y percepciones erradas de cierto porcentaje de consumidores que poseen las ideas equivocadas de que las mercancías provenientes de China, Italia o España, las embarcaciones de dichos orígenes y sus tripulaciones, son objetos, medios y seres infectos que deben permanecer alejados y condenados al ostracismo.

A pesar de lo anterior, las afectaciones en el comercio internacional de mercancías, por lo menos en su movilidad y transportabilidad física, fueron momentáneas y más bien dichas líneas de servicios han sido fortalecidas producto de la necesidad de su reconversión, modernización, tecnificación, automatización y virtualización en un muy corto tiempo.

En definitiva el sector logístico y de transporte se volverán cruciales en estos momentos de crisis y pos crisis, ya que los suministros mundiales deberán moverse ágilmente y siguiendo todas las medidas de seguridad e inocuidad de cada país, para evitar los desabastecimientos producto del pánico que se ha vivido en todo el mundo y resguardando la sanidad de las personas evitando que dichos suministros y el entorno que les rodee se conviertan en vectores de propagación. 

 

A nivel tecnológico, los avances que se demandarán en estos sectores transfigurarán el concepto de cadena de suministro actual. En un futuro próximo los nuevos elementos de la cuarta revolución industrial permitirán monitorear información que no proviene directamente de la cadena de suministro, pero sí que pueda afectar considerablemente en ella como, por ejemplo, inclemencias meteorológicas o incidencias de tráfico que entorpezcan el transporte. Anticiparse a estas incidencias, supondría una optimización de las rutas, ya que las empresas podrían adelantarse a estos inconvenientes y pensar en alternativas con mayor eficiencia.

De la mano de la instauración de sistemas y procesos que adapten estos avances tecnológicos, surgirá la necesidad de incorporar a los equipos de trabajo organizacional, profesionales con talento formados específicamente en el uso de dichos sistemas tecnológicos que sepan exprimir al máximo todas sus funcionalidades.

Un ejemplo claro de la asociatividad tecnológica con la industria logística es el BLOCKCHAIN. Aunque este aún está en fase de maduración, es claro que donde aporta mayores beneficios es en los casos donde la complejidad es mayor.

Zion Market Research predice que el mercado blockchain orientado a la cadena de suministro crecerá a una tasa de anual compuesta del 49%, lo que supondría pasar de los 41 millones dedólares de 2017 a 667 millones en 2024. En 2015, el Foro Económico Mundial vaticinó que en 2025, el 10% del PIB mundial se almacenaría en tecnologías blockchain. La consultora Minsait precisó que la cadena de bloques tendrá un gran impacto en áreas como trazabilidad y el reparto de última milla. También subraya un gran impacto en la propia gestión logística, el comercio internacional, los servicios postales y el transporte de mercancías mediante cualquier tipo de medio de transporte.  

Precisamente estos avances tecnológicos dotarán a los actuales procesos de RASTREABILIDAD Y TRAZABILIDAD de mayor alcance, agilidad e inmediatez y pasarán de ser optativos, voluntarios y exquisitos en un mundo de demandas de certificaciones y estándares comerciales, a una realidad generalizada en el comercio mundial.

Alejandro Rodríguez, gerente general de GS1 Argentina, apuntaba que el mundo al estar combatiendo el impacto de la irrupción del COVID-19, está logrando un mayor grado de concientización sobre la importancia de la estandarización y la trazabilidad para poder hacer un seguimiento efectivo de los casos detectados y de cualquier insumo o dispositivo médico utilizado en los protocolos de salud (t.ly/Qv3I).

En un futuro inmediato, se hará imprescindible la identificación eficiente e inmediata de quienes viajaron desde el exterior hacia nuestro país, ya sea residentes o turistas, y de igual forma la trazabilidad del material utilizado por el sector de la salud y por el de seguridad que trabaja en las calles. Esta trazabilidad en las áreas de medicamentos y dispositivos biomédicos está basado en la identificación de cada unidad, y también, en la de las ubicaciones dentro de las plantas de producción, para lo que el camino más seguro es el de la utilización de sistemas estandarizados que permitan seguridad en los datos informados, así como también en la administración del stock existente, indispensable para un rápido suministro. 

A mediados de la primera fase de confinamiento generalizada por la pandemia, la Organización Mundial de la Salud desarrolló listas de productos médicos prioritarios para “procedimientos específicos de prevención, diagnóstico, tratamiento o rehabilitación llevados a cabo en la mayoría de los centros de atención médica”, cuya trazabilidad implica seguridad a la hora de su utilización. El empleo de un identificador estándar en la industria, propicia una más fácil administración de los datos y proyecta una mejor visibilidad. Según un informe de Interpol del 19 de marzo de 2020, el brote de coronavirus no quedó exento de la circulación de artículos médicos falsificados. Se incautaron barbijos falsificados, desinfectantes de manos de baja calidad y medicamentos antivirales no autorizados a lo largo y ancho del mundo. A partir de esto, más de 90 países participan hoy en acciones colectivas contra “esta práctica” que debemos alertar.

Como corolario, tal como lo indican, para la revista MÁS ALLÁ DE LAS FRONTERAS del Banco Interamericano de Desarrollo, los expertos Sandra Corcuera-Santamaría, José Martín García Sanjinés y Krista Lucenti (t.ly/tYrR), hay que decir que ante un evento de las magnitudes experimentadas por el Covid-19 y su expansión, las cadenas de suministro necesitan seguir en funcionamiento, hasta donde sea posible, para evitar el colapso del sistema comercial y financiero a nivel global, y mantener los niveles de producción y empleo a nivel nacional en sectores críticos de la economía. Esto cobra mayor relevancia cuando, en el marco de la 76ª Asamblea Mundial de la Salud a finales de mayo del presente año 2023, el director general de la OMS Tedro Adhanom Ghebreyesus, alertaba de que la amenaza de «otro patógeno emergente con un potencial aún más mortal» permanece, por lo que pidió a la comunidad internacional que se «prepare» ante la posibilidad de que emerjan nuevas pandemias. Desde finales de 2021 se había comenzado a elucubrar sobre una posible explosión del virus de Marburgo o la Viruela del Mono, así como otra variante de coronavirus. Sea cual sea el origen, la amenaza existe y cada vez más cerca.

Mientras los servicios sanitarios están en el frente de la batalla contra una epidemia, la respuesta rápida y coordinada de los servicios aduaneros y otras agencias fronterizas es fundamental para priorizar el despacho expedito de bienes necesarios como alimentos, medicinas, mascarillas, guantes, respiradores, equipamiento de protección, entre otros, así como para garantizar que los productos importados o donados no comprometan la salud pública por no atender estándares de calidad y/o seguridad nacional.

De igual manera, los gobiernos deben intentar adoptar protocolos para no interrumpir el comercio de otros bienes que también son importantes para mantener la provisión de los mercados nacionales, de bienes de consumo y de bienes intermedios que permitan una pronta reactivación económica.

Ante dicho escenario, la TRAZABILIDAD LOGÍSTICA DE MERCANCÍAS será esencial como sistema de seguridad y confiabilidad de primera línea y dotar de previsibilidad y margen de acción a todos los actores de la cadena de suministro.

Estamos en definitiva frente a la primera penetración concreta de la cuarta revolución industrial y la logística 4.0.

Andrei Calderón Enríquez
Presidente / Socio Fundador en IM GROUP

Andrei Calderón Enríquez, es Presidente y socio fundador del grupo empresarial IM GROUP. Es asesor, consultor y desarrollador de proyectos en gestión aduanera, comercio internacional, logística y geoestrategia-comercial con una trayectoria de más de 19 años.

Desde hace 16 años es Jefe de la Plataforma Técnica de Inteligencia Comercial de CRECEX (Cámara de Comercio Exterior de Costa Rica y Representantes de Casas Extranjeras) así como asesor técnico de su Junta Directiva, a su vez, desde hace 7 años es Director del Comité de Comercio e Inversión de AMCHAM CR (Cámara Americano-Costarricense de Comercio). También es Coordinador del Comité Técnico del CEAP, Consejo Empresarial Pro Alianza del Pacífico Capítulo Costa Rica, es Director de la Práctica de Comercio Internacional, Aduanas y Logística del bufete Alta Batalla y participa activamente como miembro de la Comisión de Comercio Exterior de UCCAEP (Unión de Costarricense de Cámaras y Asociaciones del Sector Empresarial Privado) y del Consejo Nacional de Facilitación al Comercio (CONAFAC). Andrei es Licenciado en Administración Aduanera y Comercio Exterior de la Universidad de Costa Rica (UCR), con una especialidad en Geopolítica y Geoestrategia Comercial.

Es co-fundador y miembro de Círculo Jano (Centro de Pensamiento Crítico y Análisis Geoestratégico) y co-fundador y miembro del Consejo Editorial del proyecto Revista Stratega. Por más de 15 años ha participado como capacitador y conferencista a nivel nacional e internacional en sus áreas de expertís.

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